Las
migraciones desde el lente de Sebastião Salgado*
Un libro que no
debería pasar desapercibido para amantes de la fotografía, estudiosos de las ciencias
sociales o cualquier persona sensible con lo que pasa con los seres humanos
alrededor del mundo es "Las
migraciones: La humanidad en transición" (Migrations: Humanity in
Transition, 2000). Aperture Foundation, con base en Nueva York, nos vuelve a deleitar
con un trabajo del fotoperiodista brasilero Sebastião Salgado, radicado en
Paris. Esta obra, como otras de Salgado, trasciende la fotografía; es un canto
a la paz y a la solidaridad.
Salgado (56 años), también
economista, es actualmente uno de los principales exponentes de lo que se
conoce como fotografía con conciencia social o fotografía humanista. La obra de
este fotoperiodista nos permite transportarnos al contexto en el que se capta
la fotografía a través de sus técnicas fotográficas, pero también de sus
narraciones. Hay historias detrás de sus rostros. Su obra ha logrado enamorar y
mantener cautivo a un público amplio en Europa, Australia y Estados Unidos, lo
que se refleja en una cosecha creciente de precios, como el Premio Príncipe de
Asturias de las Artes en 1998. Sus exposiciones fotográficas, An Uncertain
Grace (1990) o la más reconocida hasta el momento, Workers (1993),
han logrado llegar más allá de los tradicionales seguidores de la fotografía.
Así quedaba constatado también en sus exposiciones colectivas (1979-1994) como
parte del equipo de fotógrafos Mágnum.
MIGRACIONES
es un libro de fotografía, que narra historias de nuestro tiempo. Para su
realización, Salgado viajó durante seis años y medio (1993-1999) a través de 47
países, como nos advierte en el prólogo: “trabaje entre fugitivos, en las
carreteras, o en campos de refugiados y barrios marginados de las ciudades ...”.
Nos presenta las migraciones
desde sus acepciones más básicas: movimiento y cambio. A través de más de
cuatrocientas páginas, somos testigos de desplazamientos poblacionales de
individuos, familias y hasta pueblos completos. Esos movimientos adquieren
rostros diversos, en unos momentos son los llamados inmigrantes económicos, en
otros refugiados y desplazados. “Algunos saben hacia donde van, confiados en
que una mejor vida les espera. Otros sólo huyen, aliviados porque están vivos.
Algunos nunca logran hacerlo.”
Pero Salgado no
es ajeno personalmente a estos cambios. El autor nos detalla en el prólogo su
propia trayectoria migratoria dentro de Brasil, del campo a la cuidad. De su
pueblo natal Aimores llega al resto del mundo, en varias etapas, iniciándose
una de las más significativas en 1969 cuando “salió” a Europa durante las
dictaduras militares en su país. En el viejo continente pasa a ser hasta hoy un
poco refugiado, inmigrante, estudiante, profesional. Esta condición propia es
base indudable de un trabajo. Él mismo nos advierte desde el inicio de su obra
que podrían haber momentos en que identifiquemos una
cierta complicidad de él con esas personas que retrata.
El
fotoperiodista confiesa también su propia transformación durante el proceso de
recopilación de las fotos que componen este trabajo. Aprende sobre la
diversidad detrás de los movimientos humanos y como testigo detrás del lente
oscila entre la esperanza y la desesperanza hacia el futuro. Salgado expresa en
el prólogo: “Yo encontré dignidad, compasión y esperanza en situaciones
donde uno sólo podría esperar odio y amarguras. Conocí gente que lo había
perdido todo, pero que todavía seguían creyendo en los extraños. Yo encontré
deslumbrante como los seres humanos se pueden adaptar a sus circunstancias “.
Aún en las
situaciones más fuertes, Salgado nos cuela de manera muy sutil optimismo a
través de las imágenes de niños en campos de refugiados que estudian, juegan
fútbol y sonríen frente a la cámara como cualquier niño. Incluso para un
fotoperiodista como él, con muchos años en la calle del mundo, hay sorpresas;
una de las que narra ocurrió en Mozambique cuando cruzando el río Zambezi le
pregunta a una mujer sola con un bebe a sus espaldas, hacia dónde se dirige, y
ella contenta responde “a
Maputo”, ¡a unos 1,250 km!. Retornaba a su país
después de muchos años como refugiada en un país vecino: a pie y cargando su bebe.
Salgado le
preocupa que como seres humanos perdamos la capacidad de conmovernos y de
entender que lo que ocurre en algún lugar lejano del planeta nos toca como
humanidad.
“Pude entender como nunca antes, como
todo lo que pasa en la tierra esta conectado. Todos estamos afectados por una
brecha mayor entre ricos y pobres, por la disponibilidad de información, por
las poblaciones que aumentan en el Tercer Mundo, por la mecanización de la
agricultura, la rampante urbanización, por la destrucción de los medios
ambientes, por los nacionalismos o las divisiones étnicas y religiosas. Las
personas arrancadas de sus hogares son simplemente las víctimas más visibles de
una convulsión global que estamos ocasionando.”
Pero las
migraciones no son el único protagonista de este impresionante libro de
fotografía, la guerra, la pobreza, el hambre, la intolerancia, el miedo están
de la mano con las redes de apoyo, la convivencia, la esperanza, la solidaridad
y el respeto. Salgado concluye que el mundo seguirá moviéndose independientemente
de las fronteras, las distancias, los recursos.
“Más que nunca siento que la raza humana
es una. Hay diferencias de color, lenguaje, cultura y oportunidades, pero las
personas sienten y reaccionan de la misma manera.”
* Este artículo fue publicado en la Sección Por
Dentro del periódico El Nuevo Día (Puerto Rico), el domingo 24 de junio de
2001, página 88.