“Calidad de vida”, indicadores de
“calidad de vida” y la educación
Preparado
por: Dra. Myrna Rivas, Psicóloga social y presidenta de Én·fa·sis, centro dedicado a la
investigación e intervención social y económica, para el Encuentro Educación y
Pensamiento, 16 de marzo de 2001, Mayagüez, Puerto Rico
Introducción
En un país como Puerto Rico donde casi a diario se
habla de diversos problemas dentro de las escuelas y donde la búsqueda de
alternativas se ha convertido en un reclamo prioritario de diversos sectores,
parece imprescindible incorporar nuevos elementos al análisis como es el
concepto de “calidad de vida” con sus correspondientes indicadores, sin
quitarle merito a otros indicadores como los de rendimiento o los de calidad en
la educación. No sólo será importante saber que nuestros estudiantes
están sacando buenas notas, sino cómo viven, cómo se relacionan con su entorno,
cuáles son sus oportunidades y qué expectativas tienen de su futuro, entre otros
aspectos.
La frase “calidad de vida” está sumamente presente en
nuestra cotidianidad, todos en algún momento hemos deseado mejorar nuestra
“calidad de vida” y la de otros. Pero a pesar de que el concepto “calidad
de vida” es muy utilizado en Puerto Rico en nuestra revisión hemos encontrado
escasos estudios en esta dirección. Destacamos, por ejemplo, el trabajo
en 1980 de Gerardo Navas y Pier Luigi desde la Escuela Graduada de
Planificación, “Indicadores de la “calidad de vida”, municipios de Puerto Rico”.
Más recientemente encontramos trabajos realizados por economistas como los del
Profesor Jaime Bofill Valdés del Recinto Universitario de Mayagüez (1997) o el
“Índice del desarrollo humano para Puerto Rico” del Sr. Pablo Espinoza
desarrollado como parte de su tesis de maestría para el Departamento de
Economía de la Universidad de Puerto Rico.
Este trabajo no pretende responder a las preguntas:
cómo está actualmente la “calidad de vida” en Puerto Rico o cómo es la
"calidad de vida" de nuestros estudiantes, sino traer a la discusión
pública sobre la educación la riqueza detrás de este concepto y la necesidad de
comenzar a desarrollar en la Isla estudios sistemáticos que nos indiquen cómo
están y cómo se sienten los ciudadanos en aspectos básicos de su vida y cuáles
son las expectativas para su desarrollo humano.
Desarrollo
del concepto
Al adentrarnos a este concepto tan políticamente
correcto, pero a la vez tan escurridizo hallamos múltiples acepciones en su uso
dentro del lenguaje cotidiano, dentro de las Ciencias Sociales (especialmente
desde la Economía, la Psicología y la Sociología) y desde el campo de la
Salud. Cómo podemos definir el concepto si al revisar la literatura
observamos que está vinculado a parámetros tan diversos como felicidad, bienes,
necesidades básicas, libertad, ambiente, cultura, religión, economía,
bienestar, seguridad, recreación, condiciones laborales, oportunidades y
expectativas, entre otros.
Aunque algunos autores como Blanco (1985) se remontan
a los economistas teóricos del bienestar de finales del siglo XIX y principios
del XX (como Pigou, Pareto y Kaldor), existe un consenso de que la aparición
propiamente del concepto “calidad de vida” se dio en la década de los sesenta
junto con los movimientos sociales y las luchas contra la desigualdad, el
deterioro de las condiciones de la vida urbana y del medio ambiente en los
Estados Unidos y Europa. También fueron fundamentales las intervenciones
del gobierno en la denominada "lucha contra la pobreza", incluso se
señala que la primera personalidad pública que utilizó el término fue el
presidente Lyndon B. Johnson en 1964.
Sin duda, las discusiones teóricas de reconocidos
economistas como John K. Galbraith, Gunnar Myrdal y Mancur Olson sobre las
consecuencias de la industrialización de la sociedad y el surgimiento de
disciplinas como la economía del desarrollo le dieron un impulso importante al
concepto. Estos pusieron en duda que la producción, el crecimiento
económico o el acceso a bienes y servicios per se fueran las políticas
más adecuada para el desarrollo, ya que no se detenía el aumento en las tasas
de delincuencia, criminalidad, drogadicción, violencia, etc. La fuerte
presencia de estos problemas sociales ponía en evidencia que el consumo y
acumulación (crecimiento económico) no se estaban traduciendo necesariamente en
cambios cualitativos beneficiosos para las personas y sus comunidades.
A nivel internacional, el trabajo de instituciones
como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) constituido en
1965 impulsaron más el concepto, siendo integrado a su visión del
desarrollo. También la publicación de artículos en revistas
especializadas como Sociological Abstract de 1979, van
contribuyendo a su desarrollo metodológico. Se destaca desde 1970 la
trayectoria de la Universidad de Fordham en Nueva York que desde esa fecha
prepara y publica un índice de bienestar social para los Estados Unidos con
base anual compuesto de 16 indicadores sociales y económicos (ver TABLA
1). Estos indicadores han sido seleccionados y agrupados para reflejar el
ciclo de vida desde la infancia hasta la vejez.
TABLA 1
ÍNDICE DE BIENESTAR SOCIAL DE LA
UNIVERSIDAD DE FORDHAM, NUEVA YORK,
INICIADO EN 1970
Infancia:
mortalidad infantil, abuso de menores y niños en estado de pobreza
Jóvenes:
suicidio de adolescentes, abusos de sustancias tóxicas y desertores de escuela
superior
Adultos:
tasa de desempleo, salario semanal promedio y cubierta de seguro de salud
Envejecientes:
niveles de pobreza entre mayores de 65 años y gastos personales entre aquellos
mayores de 65 años (no cubiertos por seguros)
Todas las edades:
homicidios, muertes en las carreteras ocasionadas por personas
bajo el efecto del alcohol, “cupones de alimentos”, acceso a vivienda de bajo
costo y brecha entre ricos y pobres
Como parte de su impulso inicial los esfuerzos se
dirigen a operativizar la "calidad de vida". Comenzaron a
surgir una serie de indicadores estadísticos para medir el llamado el bienestar
social de una población o servir de referencia sobre el comportamiento de
condiciones objetivas. A través del indicador la variable no sólo
queda representada de forma medible, sino que expresa un patrón de
comportamiento que permite realizar una comparación congruente. Pero
estos patrones de medida se centraron fundamentalmente en las categorías
económicas tradicionales y en la identificación de necesidades materiales
básicas.
Esta conceptualización de la "calidad de
vida" dio paso a una confusión con el concepto "standard de
vida". Este último concepto se refiere más bien a una medida de cantidad y
calidad de bienes y servicios disponibles para las personas, contempla medidas
como el crecimiento del consumo privado per capita, la expectativa de
vida, nacimientos, mortalidad infantil, médicos por habitante, nivel de
analfabetismo, gastos en educación, gastos en salud, tasa de fertilidad,
densidad poblacional, número de vehículos por habitante y proporción de la
población rural, entre otros. El concepto “calidad de vida” abarca otras
dimensiones que iremos viendo.
Como señala Cobb (2000) el concepto "calidad de
vida" recibe un segundo impulso a finales de la década de los ochenta y en
los noventa cuando comenzaron a contemplarse nuevos elementos de análisis desde
el campo de la Salud, la Psicología, la Psicología Social y la Rehabilitación
de Personas con Impedimentos y Deficiencias en el Desarrollo. Se
incorporan en esta nueva versión valorativa factores culturales, sociales y
ambientales, muchos de estos cualitativos, como las relaciones interpersonales,
el crecimiento personal, la participación, la libertad, la felicidad, la
percepción, la satisfacción y estrés vital, entre otros (Cobb, 2000).
Desde el campo de la Salud, por ejemplo, Grau (1988)
nos apunta que las tradicionales medidas mortalidad/morbilidad están dando paso
a una nueva manera de valorar los resultados de las intervenciones. La
“calidad de vida” se adoptó como un concepto sensibilizador que permite valorar
más la percepción que tiene el paciente de los efectos de enfermedades (cáncer,
SIDA, asma y esclerosis múltiples, entre otras) o la aplicación de cierto
tratamiento en diversos ámbitos de su vida, especialmente de las consecuencias
que provoca sobre su bienestar físico, emocional y social. También esta
línea es seguida por trabajos realizados desde la Psiquiatría y la Psicología o con grupos
específicos como la población envejeciente, donde vemos la "calidad de
vida” junto a las actividades de ocio y tiempo libre, el estado de la salud
física y los recursos y servicios disponibles para esta población.
También se observa una línea de trabajo definida en el área de las personas con
impedimentos o deficiencias en el desarrollo.
Como apunta Ramfrishna Mukherjee (1989) la dos
perspectivas de la “calidad de vida” que muchos resumen en una dicotomía entre
lo objetivo y lo subjetivo, han resultado en dos líneas de investigación:
§
la primera centrada en el estudio de los indicadores sociales “desde
arriba” que considera lo que la gente necesita (donde han dominado el uso de
métodos y técnicas cuantitativas); y
§
la segunda línea, enfocada más en qué la gente quiere en orden de
mejorar su vida (se han utilizado tanto métodos y técnicas cuantitativas como
cualitativas).
Otro problema de trascendencia metodológica implícito
es si la "calidad de vida" debe definirse como una medida global que
se evalúa en su totalidad o si se define en función de determinadas dimensiones
relevantes en un contexto determinado.
Definición
del concepto
¿Cómo definir entonces "calidad de
vida"? La definición de este concepto no es tarea fácil, las
definiciones que se han dado son más un reflejo de orientación profesional y
áreas de interés de los distintos autores (Richart 1993). Los autores
como Borthwick-Duffy (1992) y Felce y Perry (1995) han resumido en cuatro las
principales conceptualizaciones en torno a la “calidad de vida”, que son las
siguientes:
1.
Calidad de las condiciones de vida de una persona.
2.
La satisfacción experimentada por la persona con dichas condiciones
vitales.
3.
La combinación de componentes objetivos y subjetivos, o sea, la calidad
de las condiciones de vida de una persona junto a la satisfacción que ésta
experimenta.
4.
La combinación de las condiciones de vida y la satisfacción personal
ponderadas por la escala de valores, aspiraciones y expectativas personas.
Sin embargo, lejos de
caer en una dicotomía entre lo objetivo versus lo subjetivo hay elementos
comunes detrás de las conceptualizaciones de la "calidad de
vida". El análisis de la "calidad de vida" busca entender
cómo las personas interactúan con su entorno multidimensional. Se quiere
enfatizar en dimensiones cotidianas de los individuos, en sus
relaciones con otros y con los espacios económicos, sociales y
ecológicos.
"Calidad de vida" no es conocer cuáles son
las características socio-demográficas, los bienes o las necesidades de las personas, sino conocer desde
una perspectiva societal la riqueza de sus relaciones interpersonales, las
posibilidades de acceso a los bienes culturales, la salud de su entorno
ecológico-ambiental, los riesgos a los que encuentra sometida su salud física y
psíquica, la diversidad de los espacios de participación, el respecto a los
derechos humanos y políticos, etc.
Actualmente, la noción dominante de “calidad de vida”
tienden a enfatizar en la capacidad de las personas para desarrollar más
plenamente sus vidas. Incluso Instituciones financieras internacionales
como la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial han comenzado a utilizar
índices alternos al Producto Nacional Bruto y al Producto Interno Bruto como
medida de bienestar social y desarrollo. Mientras que el Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica anualmente el Índice de
Desarrollo Humano de 174 países, que define el desarrollo humano como la
búsqueda de "calidad de vida" de las personas.
Por su parte, destacados economistas como el premio
Nobel Amartya Sen (1993 y 1999) continúan reiterando la necesidad de trascender
todavía más los indicadores económicos al definir el bienestar sugiriendo la
importancia de incorporar en profundidad dimensiones sociales, ambientales, de
participación, comunitarias o incluso personales.
Uno de los centros más activos actualmente en el
desarrollo de investigaciones y teorías en torno a la “calidad de vida” es el
Quality of Life Research Unit de la Universidad de Toronto, Canadá. A
continuación la tabla 2. presenta los componentes de su modelo de las tres B´s
(Being, Belonging y Becoming) que refleja el énfasis en lo
personal.
TABLA 2: Modelo de Calidad de Vida,
Universidad de Toronto
SER (“Being”) |
QUIÉN ES UNO |
|
Ser físico |
-
salud
física -
higiene
personal -
nutrición -
arreglo
y vestimenta -
apariencia
física general |
|
Ser psicológico |
-
ajuste
y salud psicológica -
conocimientos -
sentimientos -
autoestima,
autoconcepto y autocontrol |
|
Ser espiritual |
-
valores
personales -
estándares
personales de conducta -
creencias
espirituales |
|
PERTENENCER (“Belonging”) |
CONEXIONES CON EL ENTORNO |
|
Pertenencia física |
-
casa -
lugar
de trabajo / escuela -
vecindario -
comunidad |
|
Pertenencia social |
-
personas
íntimas -
familia -
amigos -
compañeros
de trabajo -
vecindario
y comunidad |
|
Pertenencia comunitaria |
-
ingreso
adecuado -
servicios
sociales y de salud -
empleo -
programas
educativos -
programas
recreativos -
actividades
y eventos comunitarios |
|
TRANSFORMARSE (“Becoming”) |
LOGRO DE METAS PERSONALES Y ASPIRACIONES |
|
Transformación práctica |
-
actividades
locales -
trabajo
remunerado -
actividades
escolares o voluntarias -
preocupación
por las necesidades sociales o de salud |
|
Transformación del ocio |
-
actividades
que promueven la relajación y la reducción de stress |
|
Transformación del crecimiento |
-
actividades
que promueven el mantenimiento y el desarrollo de conocimiento y destrezas -
adaptación
al cambio |
La
“calidad de vida” en la evaluación y planificación de programas y servicios
gubernamentales y comunitarios
No podemos negar que el concepto "calidad de
vida" tiene sus limitaciones, ni la ambigüedad misma del concepto.
La posibilidad que tenemos todos de definir la “calidad de vida” dependiendo de
las significaciones sociales del grupo y país o el valor que representa un
indicador para un momento específico en el tiempo no representa una gran
aportación al tema (para que un indicador sea útil es necesario realizar una
comparación entre dos o más periodos).
A pesar de las crítica, en la última década la
"calidad de vida" se ha convertido en un concepto utilitario, pasando
a formar importante parte del diseño, la planificación, evaluación y
seguimiento de programas y políticas dirigidas a los servicios humanos, la
población general o poblaciones específicas (Cobbs, 2000). Cada vez son
más las instituciones gubernamentales y no gubernamentales (con y sin fines de
lucro) a nivel local, regional o internacional que se encuentran en el proceso
de crear, recopilar y tomar en consideración sus propios indicadores de
“calidad de vida” como parte del proceso de formulación de políticas
públicas.
Durante los noventa aumentó el número de universidades
que cuentan ya con equipos interdisciplinarios dedicados al estudio de la
"calidad de vida". Además en Canadá, ciudades como Vancouver,
Toronto y Ontario están a la vanguardia de estudios en esta dirección, así como
países europeos como Dinamarca y Escocia. Incluso en Canadá el presidente
informa publicamente el estado de los indicadores de “calidad de vida”.
Tampoco podemos olvidar el especial interés y difusión
en los Estados Unidos de los "rakings" de ciudades elaborados
por compañías privadas con el criterio utilitario de determinar aquellas
ciudades más habitables según preferencias de grupos específico o intereses
empresariales. A un nivel local también encontramos grupos comunitarios
en ciudades como Seatle en Washington o Jacksonville en Florida que cuentan ya
con una tradición de varias décadas trabajando en la recopilación de
información a través de distintos métodos y técnicas como instrumentos tipo
encuesta o revisión de fuentes secundarias elaboradas por agencias públicas y
privadas.
La tabla 3 presenta un listado de los principales
elementos abordados por el grupo comunitario de Jacksonville en la Florida que
es utilizado en su totalidad en el proceso de toma de decisiones de la
administración local.
Tabla
3. Elementos de “calidad de vida”abordados por
el
Jacksonville Commmunity Council
|
Educación:
El sistema de educación pública (de prekinder a duodécimo grado y educación
superior), incluyendo la educación de adulto. |
|
Economía:
El estándar de vida de lo residentes, incluyendo el bienestar económico
individual y la salud económica comunitaria. |
|
Ambiente
natural: El ecosistema
de la tierra, incluyendo la calidad y la cantidad de agua y aire, así como la
estética visual. |
|
Ambiente
social:
Preocupaciones colectivas y grupales como la igualdad de oportunidades,
armonía racial, vida familiar, servicios humanos, filantropía y voluntarismos. |
|
Cultura y recreación: La
disponibilidad de oferta y utilización de la cultura, entretenimiento,
eventos deportivos, representaciones y artes visuales, recreación pública y
actividades de ocio. |
|
Salud:
El estado de salud de los residentes y el sistema médico y de cuidados de
salud. |
|
Gobierno/Políticas:
La participación en asuntos públicos, una ciudadanía informada, así como
liderato y la actuación de los gobiernos locales. |
|
Movilidad:
Las opciones para el desplazamiento dentro de los espacios locales y con
otras localidades. |
|
Seguridad
Pública: La percepción de seguridad
personal y la capacidad de hacerse cumplir la ley, la incidencia de crímenes
y accidentes, protección de incendios y servicios de rescate. |
Fuente: Jacksonville
Community Council, Inc. Quality of Life in Jacksonville: Indicators for
Progress (2000)
La
educación y la “calidad de vida”
Y ¿qué esfuerzos encontramos que vinculen educación y "calidad
de vida"? La educación es sin duda uno de los elementos más presentes
dentro de los estudios cuantitativos de "calidad de vida", junto a la
economía, seguridad pública y la salud física y ambiental.
Algunos de los indicadores de educación más utilizados
son:
§
la tasa de graduación en las escuelas superiores del sistema público
§
las notas de los estudiantes en exámenes comprensivos de destrezas
básicas de lectura y en matemática
§
el promedio del salario de los maestros de escuela pública
§
el porcentaje de maestros que tienen grados avanzados
§
el número de grados académicos de educación superior y de
certificaciones técnicos/vocacionales concedidas y
§
total de estudiantes que participan en programas no acreditados de
educación superior, entre muchos otros.
No obstante, son escasas las
investigaciones sobre la "calidad de vida" dentro de las escuelas,
sobre la percepción de niños y jóvenes sobre su “calidad de vida”, o sobre la
comunidad escolar sobre la "calidad de vida" de su escuela y su
comunidad (Schmelkes, 1992; Pagé, 1990; y Kallen, Kogan, Stern y Guthrie, 1996).
Un grupo de eventos significativos
acontecidos durante el último lustro a nivel mundial, siendo uno de los más
dramáticos los incidentes de violencia en escuelas norteamericanas como
Columbine, han hecho evidente que el crecimiento de los recursos
económicos destinados a la educación no ha producido la mejora esperada en sus
condiciones. Esta situación lleva a plantearse la necesidad de establecer
mecanismos que permitan obtener un conocimiento más preciso de la realidad
escolar y la situación de sus integrantes (Schmelkes,
1992; Pagé, 1990; y Kallen, Kogan, Stern y Guthrie, 1996).
El centro educativo no está respondiendo a
dos imperativos: la satisfacción de las necesidades del entorno y
la consecución de los objetivos perseguidos. Como nos apunta Bofill
(1997) al analizar el sector educativo de los Estados Unidos utilizando los
indicadores educativos del National Education Goals Report de 1991
y 1994 se conforma la creciente preocupación sobre la calidad y pertinencia de
la educación en los Estados Unidos. Puerto Rico tampoco escapa de los
bajos niveles de competencia, la apatía, la deserción, las drogas y la
violencia.
Para el investigador Denis Kallen (1996) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entre los cambios más importantes acaecidos a las políticas educativas en
los últimos años se encuentra una mayor preocupación por la valoración y
evaluación de los sistemas educativos. Se observa una creciente
aceptación de la idea de que los programas educativos deben ser evaluados desde
una perspectiva multidimencional y de que la evaluación debe formar parte de la
elaboración de la política y de la planificación educativas, aunque se reconoce
la complejidad que conlleva la tarea de identificar cuáles han de ser los
indicadores de calidad que deben utilizarse en la evaluación de los centros
educativos.
Más allá que calidad en la educación, a
través de esta presentación se propone el concepto "calidad de vida
escolar" que alude al buen rendimiento del alumnado, pero también a la
satisfacción de la comunidad educativa en su conjunto y a la mejor respuesta del
centro escolar a las exigencias de la sociedad (Elliot, 1992).
Esto requiere mucho más que mejora de mobiliario o
distribución de computadoras; supone atreverse a transformar estilos de
gestión, estilos de enseñanza-aprendizaje y de interacciones entre los miembros
de la comunidad escolar. También implica una mirada hacia afuera, hacia
los objetivos o funciones sociales de la educación; de este modo, el movimiento
hacia una mejor calidad de la educación debe partir de cómo contribuir y de
cómo contribuir «mejor» a la elevación de la “calidad de vida” y de la calidad
de los procesos de desarrollo social (Schmelkes, 1992).
La “calidad de vida escolar” proporcionará a
los alumnos el dominio de los códigos culturales básicos, las capacidades para
la participación democrática y ciudadana, el desarrollo de la capacidad para
resolver problemas y para seguir aprendiendo, y el desarrollo de valores y
actitudes acordes con una sociedad que desea una vida de calidad para todos sus
habitantes. El gran salto hacia adelante en la calidad de la educación
básica sólo podrá venir de las propias escuelas, de las personas que ahí
trabajan, de las relaciones que establezcan entre sí, con los alumnos y con la
comunidad a la que sirven. Como apunta Schmelkes
(1992), en el mismo sentido, la “calidad de vida” depende
primordialmente de la calidad del quehacer humano y, en último término, de la
calidad de los seres humanos. Y la función de la educación es crear seres
humanos de calidad.
Proponemos que el Departamento de Educación escoja una
serie de indicadores representativos a nivel cuantitativo y cualitativo que
permitan estudiar la "calidad de vida" de las escuelas; su
seguimiento anual permitirá observar las tendencias positivas, así como
detectar temprano aquellas negativas para tomar acciones.
Deberán estudiarse indicadores como la interrelación de la escuela con
la comunidad, el comportamiento democrático en las relaciones profesor-alumno,
la nutrición, el respeto a la diversidad, la interculturalidad, la
participación de los padres, la articulación entre los niveles, el trabajo en
equipo entre los docentes, la integración de asignaturas y el respeto a la
individualidad del educando, entre otros.
Más allá de la educación, el desarrollo de indicadores
de “calidad de vida” a nivel municipal, regional y de todo Puerto Rico se hace
imprescindible para responder de forma más integral y efectiva a los problemas
sociales que aquejan a nuestra sociedad. La identificación, recopilación
y análisis de los indicadores de “calidad de vida” más idóneos, así como su
interrelación con los indicadores económicos plantea un reto al momento del
desarrollo de nuevas políticas públicas.
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Este expresó "concerned
not with how much, but with how good: not with the quantity of goods but with
the quality of lives."
Existen tres tipos de indicadores:
el coincidente, cuando los cambios coinciden con los cambios en la variable; el
adelantado, cuando los cambios del indicador muestran una tendencia a cambiar
antes que los valores de la variable; y el rezagado, cuando los cambios en el
indicador aparecen luego que cambia el valor de la variable.
Se han desarrollado instrumentos dentro
de una perspectiva económica que incorporan elementos de la "calidad de
vida" como el Índice de Bienestar Económico Sustentable (ISEW) que
incorpora factores ambientales y distribución de ingresos, el Índice de Salud
Social (ISH por sus siglas en inglés) elaborado por el Fordham Institute, el Índice
de Tendencias Ambientales de Alperovitz, entre otros.
Se han desarrollado instrumentos útiles
para el trabajo con pacientes como el Índice de Spitzer; el Índice Funcional de
Vida en Cáncer (FLIC, por sus siglas en inglés); la Escala de Equilibrio
Afectivo de Bradburn; las Escalas para Medir Bienestar y Satisfacción de Andrews
y Withey; el Instrumento de Evaluación Multinivel de Lawton; y las Escalas de
Satisfacción con la Vida de Neugarten, entre otros.