INTERNET COMO ACCIÓN COLECTIVA

Por Manuel Lobato Vico
Director del proyecto tendenciaspr.com
Profesor de la Universidad de Puerto Rico

(Texto adaptado de la conferencia Internet como acción colectiva: El desafío de los medios, presentado en la Escuela de Comunicación, Universidad de Puerto Rico, el 20 de marzo de 2006).


El World Wide Web como bien público

Desde el punto de vista económico, Internet, y más en concreto, el Word Wide Web, es un bien público. Es decir, su uso no excluye la posibilidad de que otros lo usen simultáneamente, y su uso no es competitivo. Es como los parques, yo me puedo beneficiar pero no puedo restringir su uso a otras personas, ni tiene sentido que lo restrinja porque el hecho de que ellos lo usen no me impide disfrutarlo. Este tipo de bienes son muy interesantes y presenta importantes problemas económicos: ¿quién los debe producir? ¿cómo se pueden pagar sus costos?

En el caso de los parques, es el gobierno quien suele pagar, es decir nosotros a través de los impuestos. En el caso de internet y su red de portales, presenciamos el surgimiento de un gran bien público, de un inmenso valor económico y social, que es en parte construído por empresas que buscan su beneficio económico, pero en parte también creado por personas y comunidades (entendiendo este término en un sentido muy laxo) que crean de forma voluntaria páginas o aportan a la construcción de portales o programas de software. Son estas últimas aportaciones las que a mí más me llaman la atención y sobre las que quiero centrar esta charla. Vamos a hablar un poco de cómo funciona internet, de qué proyectos de acción colectiva surgen en su seno y de cómo estos proyectos representan una oportunidad o un desafío para los medios de comunicación tradicionales.


¿Cómo funciona un buscador?

Empecemos entrando por la puerta. La puerta, los grandes guardianes de internet, serían Google, Yahoo y dos o tres más buscadores.

Un buscador es un programa que organiza los contenidos de internet y los muestra al usuario en un listado, de acuerdo a sus intereses. En realidad, realiza tres operaciones fundamentales: explora de manera rutinaria y sistemática el contenido del world wide web, organiza todo lo que ha encontrado, y lo muestra al usuario. Las tres operaciones pueden ser “humanas”, como era originalmente en Yahoo!, donde Jerry Yang y David Filo crearon una lista categorizada de los mejores portales que conocían de internet, lista que fueron ampliando a medida que otros usuarios les indicaban nuevos portales o los mismos creadores de portales les informaban de su dirección.

También pueden ser automatizadas, como ha hecho Google desde sus orígenes. Los portales de internet se organizan de acuerdo a su importancia, medida esta de una fórmula matemática. ¿Cómo? El algoritmo (es decir, el procedimiento matemático que utiliza Google para valorar y organizar) ha variado mucho a lo largo de su corta existencia. Originalmente se concedía valor a los portales de acuerdo a los enlaces contabilizados desde otros portales y a la propia importancia de los portales que se enlazaban al que se estaba valorando. También concede mucha importancia a la coincidencia exacta en el título o en los textos de las páginas de un portal con los términos de búsqueda de los usuarios. Con las listas en la mano, por decirlo de alguna forma, Google ha tomado muy en cuenta las veces que los usuarios seleccionan un portal dentro de una lista cuando hacen sus búsquedas. Cada click le indica a Google que un usuario ha considerado más relevante a ese portal que a los demás, y así “sube” su valor. En la próxima búsqueda similar que haga otro usuario, aparecerá más arriba. Por último, desde hace unos meses Google tiende a sobrevalorar portales de organismos públicos o sin fines de lucro, entre otros cambios, algunos sugieren que como parte de una estrategia para vender más la creación de una lista paralela en la que los portales pagan por aparecer.

En cualquier caso, a grandes rasgos podemos decir que tanto en Yahoo! como en Google todos nosotros, con nuestras búsquedas y nuestras selecciones, colaboramos de manera muy significativa a definir qué portales son los más relevantes para cada tema; a su vez, los creadores de los portales van adaptando éstos a las funciones y contenidos que los usuarios valoran más.


Los usuarios definen (por la visibilidad de sus acciones)

Quisiera recalcar el papel de los usuarios en todo este proceso y su contribución a definir las formas que adquiere internet. No es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de acción colectiva, que sería más bien la provisión de un bien público, un portal de internet, por ejemplo, a partir de la colaboración directa de dos o más personas. En la acción colectiva las personas son conscientes de su acción y de manera deliberada dedican recursos (tiempo, dinero, etc.) a la provisión de un bien. Sin embargo, aunque no las definamos como acción colectiva, las acciones involuntarias de los usuarios (involuntarias en el sentido de que no hay la intención de dedicar tiempo o recursos a producir nuevos contenidos, sino que la interacción con los portales que se visitan es más bien una forma de consumo), mandan señales importantes a los creadores de los portales que llevan a su transformación.

Ah, aquí hay un detalle importante: internet es muy transparente. Cada click deja su huella y puede ser entendido, con programas de software relativamente simples. En el portal que yo dirijo, tendenciaspr.com, con la herramienta de análisis estadístico que provee nuestro servidor, Homestead, podemos saber cuántas visitas tiene cada página, en el periodo de tiempo que queramos definir, desde un año, hasta cada hora; podemos saber de dónde nos visitan; pero lo más importante es que podemos saber, con total precisión, qué hacen nuestro portal, cuánto tiempo pasan en cada página, por dónde entran y cuándo. Incluso sabemos exactamente cómo llega cada usuario a nuestro portal, podemos conocer hasta los resultados de su búsqueda en el buscador.

Lo que les quiero decir con esto es que, a poco que uno se lo proponga, un webmaster tiene toda la información deseada sobre sus usuarios. ¿Se imaginan, para un escritor por ejemplo, conocer tanto detalle de cada uno de los lectores de su último libro? ¿o para un cineasta, saber todo eso de sus espectadores? Mejor aún, ¿saben cuánto puede gastar cualquier periódico u otro medio tradicional en estudiar a su público y conseguir un perfil mucho menos preciso que el que yo tengo por apenas unos dólares al año?

Muchas veces, en nuestra cultura de la libertad y nuestra defensa de la intimidad, miramos esa transparencia de las computadoras con desasosiego. Igual que yo puedo rastrear a mis visitantes en tendenciaspr.com, cada portal puede hacerlo, y de la misma forma cada buscador conoce y clasifica nuestras búsquedas. Y el poder que da esta información es enorme; fíjense, por ejemplo, en el retrato que es capaz de hacer Google de nuestra cultura contemporánea, los términos más buscados en el 2005:

1. Janet Jackson
2. Hurricane Katrina
3. tsunami
4. xbox 360
5. Brad Pitt
6. Michael Jackson
7. American Idol
8. Britney Spears
9. Angelina Jolie
10. Harry Potter

Más allá de nuestro celo por la privacidad y de nuestros temores, la visibilidad de nuestra actividad cibernética resulta crucial en la formación y transformación de los portales. En tendenciaspr.com, por ejemplo, quitamos secciones o incorporamos nuevos elementos de forma frecuente según el comportamiento que observamos de los usuarios. Por decirlo de alguna forma, es como si cada movimiento en la página fuera un voto. El valor y la utilidad de cada portal radican en el número de visitantes, así que habrá un constante esfuerzo por adaptar la estructura, formato y contenidos a los intereses de éstos.

No obstante, el usuario no actúa con la voluntad de influir en estos aspectos. Hasta aquí, el dibujo que estamos haciendo de internet se parece mucho al del mercado. Cuando yo compro un producto indico al dueño del negocio que ese producto está en demanda, que el público quiere ese producto, y al fabricante también le acabará llegando esa señal: queremos ese producto, y así producirá más. Pero yo compro ese producto pensando en mí, no en el dueño del negocio ni en el fabricante. En el mercado influímos a través de nuestras compras en los productos que son producidos y llevados a las tiendas; en internet influímos a través de nuestras visitas sobre los contenidos que nos sirven las páginas.


¿Cómo es el usuario?

Ahora, para continuar nuestra visita a internet y llegar a los portales que se producen a través de la colaboración consciente de dos o más usuarios (es decir, de su acción colectiva) necesitamos tratar de entender a ese usuario. ¿Cómo es ese usuario? ¿Cómo son los ciudadanos de hoy en día, en especial, los que están en contacto con estas tecnologías?

Quizá venga bien, por un momento, echar mano de algunas propuestas teóricas de los últimos años. En el ámbito de la sociología y las ciencias sociales en general se hablaba mucho durante los noventa de la pérdida de referentes, de la debilidad de las instituciones y las dificultades en encontrar un “sentido de vida” por parte de grupos específicos de la población, o incluso del ciudadano promedio. Se hablaba de un apogeo de la individualidad. Los acontecimientos del 2001 y posteriores han canalizado las discusiones hacia otros ámbitos, pero me parece que aquellas discusiones siguen teniendo su valor. El Estado, como institución y como experiencia cotidiana, ha salido reforzado de todo este agitado inicio de siglo, y algo tan tradicional como el debate sobre la religión centra hoy nuestros posicionamientos ideológicos, pero creo que esto no ha hecho sino aportar a la complejidad de la imagen actual de nuestras sociedades.

Del análisis sobre la individualidad me parecen especialmente válidas, y cada vez más, las aportaciones de autores como Ulrich Beck o Norbert Lechner. Desde su visión, la sociedad cede espacios (en su identidad, en sus relaciones sociales, en su ideología) a la decisión o elección del individuo, más que surgir un individualismo por pérdida de valores, por ejemplo, como dicen otros autores. Cada individuo llena o trata de llenar a su modo estos espacios cedidos (vaciados), es decir, como individuo, no como clase social o como grupo o siguiendo las indicaciones de una institución fuerte de referencia. Esto significa libertad, significa heterogeneidad, multiplicidad, y en muchas ocasiones implica también sensación de vacío y de desconexión con grupos sociales. Pero, al ser algo que nos ocurre a todos, se convierte en una experiencia colectiva. Es decir, hay algo que nos une como colectivo, como sociedad: precisamente la “desunión”, la desvinculación instituciones, la abrumadora posibilidad de la elección. Por simplificar, una persona puede tener hoy una cadena de santero colgada en el espejo retrovisor del carro junto a una imagen de la Virgen del Carmen, poner música de monjes tibetanos para conectarse espiritualmente a Dios (eso está más de moda que rezar), o mejor todavía, escuchar una canción de Matisyahu, un jóven judío ortodoxo que canta reagge mezclado con ska y hip hop, y guardar una imagen de buda en la mesilla de noche, aunque se defina a sí mismo como católico. Cada persona integra hoy los elementos que quiere en su “dimensión religiosa”, es decir, es una experiencia individual, pero a su vez, se parece a todos los demás en eso, en que escoge elementos y los integra en una dimensión religiosa, aunque sean elementos distintos, es el mismo acto, es la misma experiencia, por lo tanto, es individual y también es colectivo. La riqueza de nuestras sociedades contemporáneas radica ahí, en el desarrollo de nuevos espacios colectivos, basados precisamente en la libertad, la individualidad y la heterogeneidad.

Y aquí volvemos a internet. Si pensamos en nuevas instituciones, no se me ocurre ninguna mejor que el World Wide Web para dar cuerpo a este desarrollo de la sociedad. Internet nos une, como colectivo, a partir de acciones individualizadas, acciones que exploran y aprovechan la libertad, una multiplicidad de acciones heterogéneas, que sin embargo, insisto, definen experiencias colectivas.


Los blogs

En nuestra visita a internet llegamos a los blogs, también conocidos como bitácoras cibernéticas. Estos son portales que se nutren de aportaciones periódicas de sus creadores, organizadas de tal forma que el lector entra siempre por la última aportación, es decir, lee lo más novedoso primero. Los blogs pueden ser individuales, pero también pueden ser colectivos. Ahí sí, tenemos nuestra primera visita a portales que son producto de la acción colectiva. Pero si es interesante que haya portales que hacen un grupo de personas que se conocen entre sí, me parece todavía más interesante el surgimiento de portales y estructuras que combinan blogs individuales para crear algo colectivo. Y sí, los creadores de las páginas individuales son conscientes de su participación simultánea en algo colectivo.

El ejemplo más conocido de este tipo de portales quizá sea Metafilter, y me gustaría destacar la existencia de buscadores de contenidos en blogs como Technorati. Nosotros jugamos con el concepto el semestre pasado y organizamos el proyecto Diarios en red. Puse como tarea a los estudiantes de mi curso, casi todos en su primer año de universidad, que creasen su propio blog. Tenían libertad absoluta para escribir lo que quisieran y se trató de incentivar que se enlazasen con los de otros compañeros que escribieran sobre temas similares. Creamos una página aparte, con tecnología rss, para reseñar los últimos artículos aparecidos en cualquiera de los blogs y facilitar así su seguimiento.  Fue muy interesante, aunque más que surgir un conjunto de rutas trazadas de manera deliberada entre los blogs, lo que ocurrió fue que se articularon discursos colectivos, a partir de múltiples aportaciones individuales, sobre cómo es la experiencia universitaria, cómo son las relaciones de pareja  y cómo se define hoy el ocio. Los estudiantes, al hablar de ellos mismos, de sus experiencias, al defender su unicidad y explicar su libertad, se encontraron, para su sorpresa, con que eran parte de un discurso colectivo, de una mirada común. Y de manera consciente ya, continuaron narrando (en los mismos términos) esa experiencia colectiva.

Lo que ocurrió en un grupo definido de estudiantes está ocurriendo a un nivel mucho más amplio, con una multiplicidad mayor de temas. Casi todos los 30 millones de blogs que se estima que existen hoy en día, participan también en portales que se hacen eco de lo último que postean. Algunos, como Boing Boing,son observados por más de 20,000 portales distintos.

La palabra blog parece hoy ligada no sólo al desarrollo de internet, sino también al de los medios de comunicación. En Estados Unidos, según la encuesta del Pew Internet and American Live Research Center, el 72% de los usuarios utilizan internet para consultar noticias ; el 27% visitan blogs, incluso un 10% han creado su propio blog .

A mi me parecen datos importantes. Además, la tendencia parece clara al crecimiento, por lo menos a corto plazo. Y esto, tanto la magnitud y la frecuencia de la lectura de noticias “on-line” como la de lectura de medios alternativos, si queremos ver los blogs como medios alternativos, supone, definitivamente, un escenario de desafío para los medios. La relación entre blogs y medios tradicionales puede ser antagónica, de réplica (de hecho, la actividad de los blogs ha acabado con la carrera de grandes gurús de la televisión y la prensa, al cuestionar o demostrar la falsedad de algunas noticias) o puede ser complementaria (hay periódicos que ya tienen una sección permanente en la entrada de la página para contenidos de blogs; otros tienen una sección destacada dedicada a los blogs de sus propios periodistas, o incluso de su director).

Los blogs son una de las representaciones más claras de porqué internet es una herramienta tan poderosa en el marco de la individualidad: concede espacios a todos los niveles, un individuo puede encontrar eco y resonancia desde su creación única. Permiten al individuo actuar en los mismos parámetros que las grandes empresas e instituciones. Hay blogs de individuos que reciben medio millón y hasta un millón de visitas cada día, más de las que pueden soñar portales de medios tradicionales.


Portales curiosos basados en la participación de múltiples usuarios

Algo que está proliferando en internet son portales, normalmente de carácter lúdico, donde la participación de cada persona en un tema específico supone una aportación visible a algo que está construyendo el conjunto de usuarios. En wheresgeorge.com la gente los usuarios rastrean el camino que han seguido los billetes de un dólar que llegan a sus manos. Es una curiosidad, pero el resultado es muy sugestivo.

Otro portal muy sugestivo es The Million Dollar Homepage. Un muchacho inglés vendió cada píxel de su página por $1… y son un millón de pixels. El resultado es un mosaico interesante de anuncios, un muchacho rico y una experiencia más de cómo nos entretiene contemplar juntas las aportaciones (en este caso, anuncios pagados) de múltiples personas.

En flickr.com tenemos la creación, como acción colectiva, de una alternativa “humana” a Google. Si Google categoríza  a través de algoritmos las imágenes disponibles en internet y las muestra en su herramienta Google Images, en flickr.com esta categorización la hacen las mismas personas que postean las fotos, es decir, que las envían al portal y las ponen en línea. Soy yo, el que ha hecho la foto, el que define las palabras clave de esa foto. Esto es lo que ya se conoce como “folksonomy”, es decir “folk”+ “taxonomy”, categorización de la gente.

Es muy interesante como estos movimientos de acción colectiva están llevando a los portales y los buscadores a transformarse, introduciendo cada vez con más frecuencia elementos de PHP, por ejemplo, que permiten una interacción directa e inmediata del usuario con los contenidos .


La acción colectiva en internet: wiki y open-source

Por último, cuando hablamos de acción colectiva en internet hay dos paradas más ineludibles: Wikipedia y Linux.

Wikipedia es el exponente máximo de lo que un grupo de personas puede hacer con tecnología wiki, es decir, con portales diseñados de tal manera que cualquier usuario, con sólo apretar un botón, puede editar los contenidos de la página que está viendo, para añadir o para modificarlos. Wikipedia es una enciclopedia elaborada a partir de las aportaciones de millones de usuarios, que definen o dan información de los términos de los que son “expertos”. El resultado, sobre todo en la versión inglesa de wikipedia, es impresionante: probablemente la mejor enciclopedia existente para términos relacionados con tecnología, y una al menos comparable con las líderes de mercados tradicionales en otras muchas áreas. Son miles y miles las personas que diaramente entran nuevos términos o matizan los existentes, todos de manera anónima, individual, pero conscientes de que participan en la elaboración colectiva de una enciclopedia.

La historia de Linux es todavía más épica. En este caso son también miles los colaboradores, también es anónima su participación, pero además tiene la particularidad de que todos son ingenieros, programadores o gente con amplios conocimientos de informática. El movimiento “open-source”, que tiene en Linux su bandera más emblemática, propone la creación de programas de software a través de la colaboración voluntaria de programadores que no se conocen entre sí, y cuya única conexión suele ser el interés por lograr un programa mejor, aunque también hay otros, como el de crearle rivales a Microsoft o adquirir experiencia como programadores. Las creaciones de estas comunidades de programadores (se llaman a sí mismos La Comunidad) son siempre gratuítas y de código abierto (“open-source”), es decir, el programa es público y accesible por internet a todos los usuarios. Con Linux han conseguido desarrollar un sistema operativo muy poderoso, el mayor competidor para Windows de Microsoft actualmente y con una cuota de mercado creciente. Además de Linux hay todo tipo de programas, quizá el más popular sea Firefox, el navegador que estamos usando en esta conferencia para entrar a los portales de los que hablamos, gratuito y superior en prestaciones al Internet Explorer.

La acción colectiva articulada a través de internet y el valor inusitado que cada aportación individual puede tener en estas redes de portales representa retos y oportunidades para los medios tradicionales. Con tecnología wiki tenemos experiencias que involucran directamente a los medios, como wikinews o nuestro wikeo.com, una propuesta que desarrollaron estudiantes de esta Escuela de Comunicación el año pasado y que trató de mantener el pulso informativo con los medios tradicionales durante la huelga. En wikeo cada usuario puede añadir noticias, artículos o modificar, para actualizarlos, los contenidos existentes. Wikeo no representa a lo mejor una amenaza para la prensa local, pero otras experiencias, como Oh my news, en Korea, se han hecho con los mayores espacios en el campo de los medios.

Definitivamente, el desafío está ahí. De manera acorde con el tipo de sociedades y de individuos que somos hoy, no limitamos a un clic inconsciente nuestra participación como usuarios en la transformación de los contenidos de los portales, y así de la red de portales. La accesibilidad y bajos o nulos costes del software y el espacio para crear blogs, y las tecnologías como wiki o PHP, permiten y fomentan la participación deliberada y consciente de los usuarios en proyectos colectivos.

La estructura del World Wide Web es la de un bien público (la red) que contiene múltiples bienes públicos (los portales), muchos de ellos de creación colectiva o individuales pero difundidos a través de otros portales colectivos. En términos culturales, parece que internet celebra la individualidad como experiencia colectiva, y se nutre de ella para la construcción de nuevos mundos, para cambiar nuestra forma de acceder a la información y nuestros patrones de consumo de información.

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